El Sermón del Descendimiento se constata en testamentos en el siglo XVI. Así, en 1591, la doncella Luisa de Estrada dispone en su última voluntad, entre otras cosas: “Mando a Nuestra Señora de la Soledad una sábana de medio anillo y una almohada con encaxes de oro y seda encarnada para el día del Descendimiento de la Cruz, el Viernes Santo”.

La ceremonia del Descendimiento de Cristo de la Cruz se celebró hasta 1958. Ésta se llevaba a cabo la tarde del Viernes Santo en la parroquia de Santa Ana, escenificando el momento en que se desclava a Cristo de la Cruz y se introduce en el Sepulcro, para inmediatamente después comenzar la procesión. Tras la prédica del sacerdote se producía el desclavamiento de Cristo, que era presentado ante su Madre. Después, y convertido en yacente gracias a la articulación de los brazos, la imagen era amortajada y depositada en la urna sepulcral siguiendo todo un complejo ritual que llevaban a cabo dos hermanos haciendo las veces de Nicodemo y José de Arimatea, para comenzar entonces el desfile procesional.

El Viernes Santo de 2001, participamos en la celebración de los Santos Oficios a las 15,30 h. en la parroquia de Santa Ana, oficiados por el párroco Rvdo. D. Jseús Pascual. Después de muchos años de intentos y opiniones sobre la recuperación de la perdida Ceremonia del Descendimiento del Viernes Santo, este año decidimos -de común acuerdo con nuestro párroco- recuperarla aunque adaptada a la litúrgia contemporánea de la Iglesia, celebrando una exaltación de la Cruz y finalmente, el descendimiento y el traslado del Cristo hasta depositarlo en la urna para iniciar horas después la procesión. Es difícil explicar con palabras el sentimiento de recogimiento y emoción vivido por cuantos -cofrades y devotos- acuden al templo cada tarde.