La Archicofradía de la Soledad es la hermandad más antigua de la Semana Santa archidonesa, remontándose sus orígenes a principios del siglo XVI o finales del XV, la referencia documental más antigua se remonta a 1513, mientras que en los archivos de la Hermandad se custodia una Bula Papal de 1507.

La Archicofradía de la Soledad ya estaba configurada a principios del siglo XVI. El dato más antiguo se constata en un testamento en 1513, aunque en los archivos de la Hermandad se conserva la bula papal “Pastoris Aeterni” fechada en Roma en 1507, y concedida por el pontífice Julio II. Para constituir la Hermandad definitiva tres cofradías confluyeron bajo un único cetro: la de la Madre de Dios, la de la Soledad de Nuestra Señora y la de Ánimas del Purgatorio. Su fin era el auxiliar a los hermanos en sus últimas necesidades espirituales, entierros y posteriores misas y socorrer a pobres y enfermos con el mantenimiento de un hospital. La entidad resultante aglutinó a los hermanos de las tres originales.

Tras adquirir sus primeras imágenes, la Cofradía adquirió su propia capilla en la iglesia parroquial de Santa Ana en el año 1581, templo en el que actualmente se siguen venerando las mismas. En esta época la Cofradía comienza a adquirir sus propias imágenes: Ntra. Sra. de la Soledad, Ntra. Sra. Madre de Dios, el Cristo del Descendimiento y Jesús de la Columna. En el archivo municipal de Antequera se conserva el contrato entre la Archicofradía de la Soledad y el imaginero Diego de Vega para la hechura de un Crucificado, una imagen de Nuestra Señora, un sepulcro, tres parigüelas, una cruz y una custodia, tasado el lote en 32 ducados. Estos datos revelan el carácter pasionista de la Hermandad desde al menos ese año de 1578 en el que se fecha el contrato.

A principios del siglo XVII la entonces Venerable Hermandad de la Soledad de Ntra. Sra. y Madre de Dios y Ánimas del Purgatorio tomará mayor importancia a nivel local por diversos motivos. De un lado, gracias al hermanamiento con la primera iglesia de la Cristiandad y catedral de Roma y del orbe: San Juan de Letrán. En 1608, el cabildo catedralicio aceptó a la Hermandad archidonesa como miembro de derecho de la Sacrosanta Iglesia, haciéndola beneficiaria de sus numerosos privilegios e indulgencias, que se plasman en tres documentos (Capitulum Canonici, Capitulum et Canonici, y Sumarium) conservados en los archivos de la Cofradía y que fueron concedidos en el pontificado de Pablo V.

En dichos pergaminos se otorga ya a la Cofradía el título de “Venerable”. Esos documentos nos hablan entre otras cosas del hospital adscrito que mantenía la Cofradía, que se vio favorecida en las décadas siguientes por dichas prerrogativas, incrementando sus bienes muebles e inmuebles con numerosos testamentos y donaciones, adquiriendo nuevas imágenes: Ntra. Sra. de la Purificación o Candelaria (cuya devoción se documenta en Archidona en 1598), Jesús del Mayor Dolor o Jesús Caído, un San Pedro (desaparecido, de autor desconocido y datable en el siglo XVII), un San Juan (igualmente desaparecido, de autor anónimo y posiblemente también de este siglo XVII) y una Santa Cruz de Jerusalén.

A principios del XVII se construye una nueva ermita de la Madre de Dios y Jesús de la Columna en la actual calle Carrera, erigida sobre la anterior del siglo pasado. La ermita, que sería la sede de la Cofradía, que junto a la misma seguía manteniendo el hospital. Como curiosidad, citar la procesión extraordinaria que se realiza como muestra de fervor por la población con Jesús de la Columna en 1693, con permiso explícito del obispado, al atribuirse el milagro a la imagen de haber sudado jornadas atrás.

El siglo XVIII representó un tiempo de estabilidad en la Hermandad, que no cesa de realizar adquisiciones y actuaciones diversas sobre su patrimonio, aunque de forma más moderada que en décadas anteriores.

Así, encontramos la talla de la actual urna del Santo Sepulcro en 1736 (el trono procesional más antiguo que se conserva en la provincia de Málaga), una completa restauración de la Virgen de la Soledad documentada en 1738 y 1744, la restauración de Jesús de la Columna en 1790, y se adquieren otros enseres como la corona de plata de tipo imperial para la Virgen de la Soledad y la media luna de plata en 1762. Estas dos piezas de orfebrería son las más antiguos de la localidad en su género según la documentación publicada hasta el momento. De este siglo data el actual cetro de plata del hermano mayor, también el más antiguo conservado en la ciudad; el retablo mayor de la ermita de la Columna en 1736; y un nuevo trono (hoy desaparecido) para Jesús de la Columna (1747).

Siglo XX. Crisis: La capilla de la parroquia de Santa Ana tampoco resistió los avatares del siglo y desapareció con las obras de ampliación y remodelación llevadas a cabo en el templo en este siglo, en el que no obstante, salían a la calle cuatro procesiones  anuales: tres de pasión (Viernes de Dolores, Martes y Viernes Santo) y una de gloria (Candelaria). Salvo la del Entierro de Cristo, que salía desde Santa Ana, todos los desfiles procesionales partían de la ermita de la Columna.

En la festividad de la Candelaria se procesionaba la imagen de Ntra. Sra. de la Candelaria. El Martes Santo, las imágenes de la Santa Cruz de Jerusalén, Jesús de la Columna, Jesús del Mayor Dolor, San Pedro y la Virgen de la Soledad. El Viernes de Dolores lo hacía Ntra. Sra. de los Dolores (en tiempos anteriores lo hacía el Martes Santo). Por último, el Viernes Santo se procesionaban la Santa Cruz, el Cristo del Descendimiento, San Juan y Ntra. Sra. de la Soledad.