cura“Dios mío, Dios mío ¿porqué me has abandonado?

Queridos Hermanos:

Con estas palabras del  Salmo 22 queremos comenzar este saludo. Es el Salmo que se proclama el primer dia de la Semana Santa, el Domingo de Ramos.  Son las palabras que quizás se nos clavan como un puñal en el  momento trascendental de Jesús. Una de las frases más incomprensibles que haya pronunciado Jesús, dicha poco antes de morir en la cruz. Tras varias horas de agonía, y presintiendo que su muerte era ya inminente, lanzó un grito y al mismo tiempo una pregunta terrible: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46; Mc 15,34).

¿Sintió acaso Jesús que su misión había fracasado? ¿Pensó que moría como un hijo abandonado por su padre?

Tomadas al pie de la letra, tales palabras podrían hacernos creer que Jesús murió en la desesperación mas profunda.

Pero no fue así. Jesús al pronunciar esa frase, en realidad estaba comenzando a rezar un salmo que  empieza precisamente así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y continúa: “A pesar de mis súplicas mi oración no te llega. Dios mío, de día te grito y no respondes. De noche, y no me haces caso”.

¿Por qué Jesús pronunció un salmo tan amargo y desalentador en el momento de morir?

Más bien es lo contrario; el salmo 22, titulado “Oración de un justo que sufre”, es uno de los salmos más esperanzadores de toda la Biblia. La primera parte describe los sufrimientos por los que atraviesa un hombre inocente (v. 2-23). Pero la segunda (v. 24-32) es un magnífico acto de confianza en que Dios lo librará de todas esas angustias: “Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabare”

Un año más Jesús llama a nuestras puertas en este tiempo de Cuaresma, para que nos preparemos con gozo y alegría para nuestra Semana Grande,  que tiene su punto en la resurrección. Las casas hermandades se abren para comenzar a prepararlo todo, se sacan las mejores galas para nuestros sagrados titulares,  se abrillanta la plata…Pero ¿cómo nos preparamos nosotros para estos días?

La iglesia, y el mismo Jesús, nos invitan a prepararnos con alegría, una alegría interior a través de la conversión, del sacramento de la penitencia;  de la oración de la iglesia, especialmente la Eucaristía; y del ayuno, en la ayuda a los más necesitados.

En definitiva es la invitación de Jesús para que tampoco nosotros lo abandonemos y vivamos con Él la inmensa alegría de la resurrección.

Este año también ha sido un año importante para nuestro pueblo nuestra querida Iglesia de la Victoria ha vuelto a abrir sus puertas, y todos hemos contemplado el esplendor que ha recuperado, desde aquí agradecer a todos vuestra colaboración y apoyo para la realización de este proyecto y darnos cuenta como entre todos se hace mucho.

Que nuestros sagrados titulares nos ayuden a vivir con alegría este tiempo de Cuaresma, Pasión, Muerte y lleguemos renovados a  la Resurrección.

Con afecto vuestros sacerdotes.